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Carlos de Nicaragua
CARLOS WILTSHIRE, llamado CARLOS DE NICARAGUA,
nació en Bluefield en la Costa Atlántica nicaragüense. Su nombre trasciende
su pais de nacimiento para referirse al legendario jefe indio NICARACOI,
filósofo, guerrero feroz y combatidor de los invasores españoles. Carlos
de Nicaragua ocupó gran parte de su juventud a recitar sus poemas sociales
y reivindicativos a sus camaradas.
Su sed de justicia le conduce al maquis, enrolándose al lado de los
sandinistas. Al triunfar la revolución, decepcionado de la política,
se va de Nicaragua a París para estudiar sociología, cine y fotografía.
Al principio de los ochenta, se une a la asociación de artistas Youthman
Unity con Daddy Yod, Pablo Master y General Murphy.
Fue uno de los precursores del concepto sound system en París con su
propio Kupia Kumi Sound System. Fue otro sound system llamado Jah Wisdom
quien produjo el single de Carlos "Mayombe Bombe", incluido también
en la recopilacion "Jah Wisdom-Vocals & Dub". En esta época comparte
cartel con los artistas underground parisinos como Ton Ton David y El
General. En 1994 se une a Mano Negra de gira por España y edita "El
Alacrán" para el disco "Casa Babylon", conquistando en Francia y en
España audiencia con su lema "¡Escuche familia!" que coronaba sus irrupciones
en el escenario.
1995 será el año de las rupturas y de la independencia musical. Deja
Mano Negra y se desvincula también de Jah Wisdom, con quien acaba de
coproducir el compact "Mayombe Bombe", título precursor de un nuevo
género musical, la salsa reggae. Tras dos años de trabajo y con la idea
de regresar a los escenarios franceses y españoles, Carlos de Nicaragua
se ha rodeado de músicos de talento que igual tocan salsa y reggae en
una fusión natural y espontánea.
La SALSA REGGAE ORIGINAL STYLE, ha nacido para conquistar al público
avido de cadencias calientes y vibraciones positivas. CARLOS DE NICARAGUA:
REPATRIACIÓN Y LIBERACIÓN por Julio Olaciregui (Colombia) En la pista
de madera de un barco discoteca anclado en el Sena, latinoamericanos,
franceses y africanos bailan y se calientan durante los blancos y nocturnos
días de noviembre con el arrollador fuego musical de un nicaragüense
llamado Carlos y su grupo Familia, pioneros de la salsa reggae.
Como su admirado Malcolm X, este músico y cantante de cuarenta años
se deshizo de sus apellidos y ahora se hace llamar CARLOS DE NICARAGUA,
al igual que un rey, en su caso coronado tan sólo con su rebelde mata
de pelo, reivindicando orgulloso sus orígenes caribeños. Para preservar
sus trenzas de rasta del frío y la contaminación, Carlos lleva, por
supuesto, un gorro, a lo Bob Marley, su ídolo de siempre.
"Desde que apareció Bob Marley por acá, por esta Tierra, dejó la semilla
y nosotros fuimos conscientes , comenzamos a trabajar en su línea, en
la línea de Bob Marley, con nuestros sound systems y conciertos", declaró
el artista en una pausa de su concierto parisiense en el barco-discoteca
"Blues Café".
"En el año 2001 voy a lanzar mi disco, con una estrategia de tipo underground,
porque la casas disqueras no quieren a los rebeldes", dijo. Cuando sube
a escena Carlos, lo hace vestido con una chaqueta militar deslavada
que ostenta a la altura del corazón un escudo verde, amarillo y rojo,
los colores de Etiopía.
Pero su aspecto militar queda desmentido de inmediato por su manera
de moverse y bailar, de arengar al público y recitar sus poemas preferidos.
Los orígenes jamaicanos de su familia -su nombre para el registro civil
es Carlos Whiltshire Hamilton- instalada desde hace siglos en la Costa
de los mosquitos, lo llevaron naturalmente a descubrir sus raices africanas.
Su admiración por los profetas del reggae -Bob Marley, Peter Tosh, Burning
Spear...-lo llevaron a consagrarse a esta música, reinventándola y mezclándola
con el tumbao de los ritmos bailables del Bronx y las otras grandes
capitales de la salsa. Carlos accede a contar por encima su historia
de sandinista, la experiencia revolucionaria que dejó allá del otro
lado del mar, al alejarse de los montes para explorar su propio camino,
que el descubrió en el cine, en la antropología, en la rebelión permanente
y, sobre todo, en la música.
En París, donde vive, forma parte de la movida reggae, salpimentada
por el ambiente latino, la salsa y la música tradicional caribeña, con
una marcada inclinación por las cumbias colombianas. Sus compañeros
son músicos de las Antillas, africanos y gente que anda en busca de
una expresión personal.
Entre sus preferencias poéticas están Rubén Darío y el Nicolás Guillén
de "Songoro Cosongo". Uno de sus maestros musicales es Santana, a quien
rinde homenaje permanentemente. Carlos de Nicaragua camina ahora por
las calles de París, recitando a Rubén Darío y tarareando las canciones
de su primer disco, una mezcla candente de salsa, reggae, cumbia y oratoria
de barrio latino.
Hace algunos años, Carlos fue uno de los miembros de Mano Negra, la
banda marginal que luego se haría famosa, dirigida por Manu Chao, uno
de cuyos éxitos se llamó "Casa Babylone". Para los rastas, se sabe,
Babilonia es el símbolo de la sociedad occidental decadente y sin alma,
en donde en vez del sol amanece el dólar.
La vida de la gente del pueblito, de aquellos que sólo tienen sus brazos
y su voz para luchar y cantar, es un tema recurrente en las melodías
compuestas por este hombre, quien es de verdad un líder carismático.
Toda su pasión es la música y el estilo de vida rasta, siempre presente
en los acontecimientos musicales marginales parisienses de los artistas
afrocaribeños que luchan por sacar adelante sus experimentos vitales.
"Mis planes para el 2001 son seguir la batalla para construir África,
después de tanto tiempo de opresión, de alineación y de dominación.
Ahora África tiene que ser libre. América ha sido liberada ya de alguna
manera con el aporte africano: se dio una mezcla que rodujo el rhythm´n´blues,
el jazz, el hip hop, el rock, el reggae, la salsa...espiritualmente
el mensaje está ahí. Nuestra gente latinoamericana tiene ahora que mirar
a África, la Madre, de donde vienen la emoción y la razón".
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